Casi todo el mundo hace simulacros. Mucha menos gente los aprovecha. La diferencia no está en cuántos haces, sino en qué pasa después de cada uno.
Un simulacro que solo te deja un número es media hora tirada. Bueno, dos horas.
Para qué sirve un simulacro (y para qué no)
Un simulacro no es una forma de estudiar. Es una forma de medir y de entrenar condiciones que no se entrenan de otra manera:
- El reloj. Cuántos minutos puedes dedicar a una pregunta difícil antes de que te cueste dos fáciles al final.
- Decidir con dudas. En el examen vas a marcar respuestas sin estar seguro. Eso es una habilidad y se practica.
- La resistencia. Tu cabeza en la pregunta 90 no es la misma que en la 10.
- El diagnóstico. Dónde se te cae el rendimiento cuando no puedes elegir el tema, que es lo que pasa el día del examen.
Lo que un simulacro no hace es enseñarte medicina. Eso pasa después, cuando lo revisas.
Cuándo empezar
Antes de lo que crees. Mucha gente deja los simulacros para el último mes, como un ensayo general, y es un error caro: un mal resultado en octubre es información, un mal resultado en febrero es un susto.
Haz tu primer simulacro completo pronto, aunque estés convencido de que te va a salir mal. Ese número no es una nota, es tu punto de partida. Sin él no tienes con qué comparar y no sabrás si estás mejorando o solo estás ocupado.
Cada cuánto
Depende de la fase:
- Fase de construcción: uno cada dos o tres semanas. Suficiente para medir la tendencia sin comerte el tiempo de estudio.
- Últimos dos meses: uno por semana. Aquí ya son el eje de la preparación.
- Última semana: uno o ninguno. A estas alturas no te va a dar información nueva y el cansancio pesa más que el dato.
Más simulacros no es mejor. Un simulacro sin revisar cuesta dos horas y no aporta nada; dos simulacros bien revisados valen más que cinco sin tocar.
Hazlo en condiciones o no lo hagas
Un simulacro con pausas, consultando dudas y en tres ratos distintos no mide nada. Si vas a invertir las horas, que cuenten:
- Cronómetro corriendo, con el mismo tiempo por pregunta que tendrás.
- De una sentada, sin pausas.
- Sin consultar nada, aunque te esté matando la duda.
- A una hora parecida a la del examen, si puedes.
- Sin móvil delante.
Anota lo que dudaste mientras respondes: una marca al lado de las preguntas en las que no estabas seguro. Ese dato vale oro y se pierde en cuanto ves las respuestas.
La parte que casi todos se saltan: la revisión
Aquí es donde el simulacro se convierte en estudio. Revisar no es mirar cuáles fallaste; es clasificar por qué.
Falladas por desconocimiento
No lo sabías. Es el caso limpio: al cuaderno de errores y a estudiar el tema.
Falladas por confusión
Sabías el tema pero elegiste mal, confundiste dos entidades parecidas o no pillaste el matiz del enunciado. Estas son las más rentables de revisar: estás a un paso de tenerlas.
Falladas por lectura
Leíste mal, te saltaste una palabra, respondiste a otra cosa. Si te pasa mucho, no tienes un problema de conocimiento sino de ritmo: vas demasiado rápido.
Acertadas con duda
Las que marcaste con duda y salieron bien. Trátalas como falladas. No las sabías; tuviste suerte. Si no las revisas, la próxima vez la moneda puede caer del otro lado.
Si de 100 preguntas fallaste 30 y dudaste en otras 15, tu material de estudio
son 45 preguntas, no 30.
Qué hacer con el porcentaje
Poco, la verdad. El porcentaje aislado dice menos de lo que parece: depende de la dificultad del bloque, de cómo estabas ese día y de la suerte.
Lo que importa es la serie. Cuatro simulacros a lo largo de dos meses te dicen algo real; uno solo, casi nada. Míralo como una curva y pregúntate si sube, si está plana o si baja, y a partir de ahí decide.
Y mira el desglose por especialidad, que es donde está la información accionable: un 55% global puede esconder un 80% en unas cosas y un 25% en otras. El plan de las siguientes semanas sale de ahí, no del número grande.
Errores que se repiten
- Hacerlos solo al final. Llegas sin saber cómo gestionas el tiempo.
- No revisarlos. El simulacro es la mitad del trabajo; la revisión es la otra.
- Revisar solo los fallos. Las dudas acertadas son igual de importantes.
- Repetir el mismo simulacro al poco tiempo. Reconoces las preguntas y el resultado se infla: mides memoria del simulacro, no conocimiento.
- Obsesionarse con el número y no mirar el desglose por especialidad.
En resumen
Empieza pronto, hazlos en condiciones reales, no acumules más de los que puedas revisar y dedica a la revisión al menos tanto tiempo como al simulacro. La tendencia a lo largo de los meses y el desglose por especialidad valen mucho más que cualquier porcentaje suelto.
En ENÚRMATE los simulacros son cronometrados y las preguntas que fallas pasan solas al cuaderno de errores, que las devuelve espaciadas en el tiempo hasta que las dominas.