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Cómo responder preguntas de opción múltiple sin regalar puntos

Técnica de examen para el ENURM: cómo leer el enunciado, cuándo descartar, qué hacer cuando dudas entre dos y por qué cambiar de respuesta no siempre es malo.

ENURMtécnica de examensimulacros Publicado el 5 de agosto de 2026 · 3 min de lectura

Hay dos formas de perder puntos en un examen de opción múltiple: no saber la respuesta, y saberla pero contestar otra cosa. La primera se arregla estudiando. La segunda se arregla con técnica, y es la que casi nadie entrena.

Este artículo va de la segunda.

Lee la pregunta antes que las opciones

Parece obvio y casi nadie lo hace. Al leer las opciones primero, tu cabeza empieza a buscar cuál «suena bien» antes de saber qué se está preguntando, y a partir de ahí lees el enunciado buscando confirmar esa corazonada.

Léelo entero, decide qué responderías tú, y entonces mira las opciones. Si lo que pensaste está ahí, es buena señal. Si no está, es un aviso de que entendiste otra cosa: vuelve al enunciado antes de elegir.

La última línea suele ser la pregunta de verdad

En los casos clínicos, la información va en el cuerpo pero la tarea está al final. No es lo mismo que te pidan el diagnóstico más probable, la conducta inicial, el estudio de elección o la causa más frecuente. El mismo caso admite cuatro preguntas distintas con cuatro respuestas distintas.

Si acostumbras a subrayar una sola cosa del enunciado, que sea eso.

Ojo con las palabras que cambian todo

Hay términos que invierten o acotan la respuesta y se leen en un segundo si estás avisado: excepto, no, menos, inicial, más frecuente, de elección, primero. Cuando aparecen, la opción «correcta en general» suele ser la trampa.

Descartar es responder

Rara vez las cuatro opciones son igual de plausibles. Antes de elegir, quita las que puedas justificar como falsas. Pasar de cuatro opciones a dos cambia mucho las cuentas, incluso si al final acabas eligiendo entre las dos que quedan.

Y hazlo por escrito o marcando en pantalla. Descartar mentalmente no sirve: a los veinte segundos vuelves a considerar la opción que ya habías eliminado.

Cuando dudas entre dos

Vuelve al enunciado y busca el dato que las separa. Casi siempre hay uno: una edad, un tiempo de evolución, un antecedente, un valor. Si las dos opciones fueran igual de válidas con esos datos, la pregunta estaría mal hecha — así que el dato está, solo que no lo has usado todavía.

Si aun así no lo encuentras, elige y sigue. Quedarse cinco minutos en una pregunta cuesta más que fallarla: cuesta las tres que no llegaste a leer con calma al final.

¿Cambiar de respuesta o no?

Existe la creencia de que la primera intuición es la buena y que cambiar la respuesta suele empeorarla. En la práctica, depende de por qué cambias:

  • Si cambias porque releíste y encontraste un dato que te lleva a otra opción, cambia. Estás corrigiendo con información nueva.
  • Si cambias por nervios, sin ningún argumento nuevo, no cambies. Eso no es corregir, es dudar.

La regla útil no es «nunca cambies», sino «cambia solo si puedes decir en voz alta qué te hizo cambiar».

Marca y vuelve

Deja una pasada final para las que marcaste. Es más eficiente que atascarte en tiempo real, y en la segunda vuelta llegas con la cabeza ya calentada por el resto del examen — a veces una pregunta posterior te recuerda justo lo que te faltaba.

Cómo se entrena esto

No se entrena leyendo sobre técnica: se entrena en simulacros, cronometrados y completos. Y sobre todo, revisando después no solo qué fallaste, sino por qué:

  • ¿La sabía y leí mal?
  • ¿Dudé entre dos y elegí la otra?
  • ¿No la sabía?

Solo el tercer caso es un problema de contenido. Los dos primeros son problemas de técnica, y esos se arreglan mucho más rápido que estudiar un tema entero.

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